20080811

La prision (inconcluso 2)




Un crédito en el mundo correcto




Y la colorada tristeza se asomo detrás de mis oídos. Era tiempo de jugar al poker, de tomar un escocés, de sentirme arrogante por poder soñar y comprender cosas que ante no jugaba, ni pensaba que llegarían a existir.
Todo se volvió blanco y negro. Flashes constantes de nuestros cuerpos juntos, de ella preguntando si molestaba, y yo como un completo inútil respondía: “y….esta bien”.
Ya no hubo intersección de calle, pero las paralelas de mi existencia se fueron juntando, y terminamos a las dos de la mañana en el bar del centro, ese tan acribillado como si se tratase de la vieja Gergovie.
Su hermana y ella, Clarisa y Candente sus nombres, y que par de costumbres formamos aquel momento, en la esquina del lugar, teñido de oscuro sombrío. Alejado de la civilización, prepotentes de costumbrismo nos mirábamos los tres a los ojos, y montando diferentes posiciones nos habríamos a una nueva charla hiper espacial.
No hubo política, no hubo condiciones, simplemente dejarnos jugar.
Quizás Candente era más abierta, o quizá toda la cantidad de cerveza se le había subido demasiado
(como si se tratase de una replica de mi mismo) y sus sentencias se tornaban cada vez más eróticas,
y me recordaba que todavía debería tener una jurisdicción donde partir mis emociones.
Al final todo fue en vano, el alcohol subió a la sangre y nos descalabramos ahí en el piso mismo,
lleno de hedor y remordimiento, pero al menos pudimos tocarnos las piernas y el resto de ellas.
Sería un leve recuerdo para mis organizaciones, aceptar la necesidad de subirme el autoestima, debutando mis
momentos más romanticotes (o más persuasivos) con aquella belleza multifacético que toca todo lo que
convierte en oro.
Y si.. me sentía un lingote, un dólar americano, una corona checa, una libra esterlina, sin perder más tiempo
en devaluaciones tiré mis ultimas jugadas, sembrando así la necesidad de acreditarme dentro de un cuerpo
tan ingenuo, tan osado, y tan puro a la vez. No hubo dolor, solo hubo incongruencia de mi parte.
Una enorme racha de saliva humana cubrió las dos cabezas, los labios mojados en lágrimas parlantes,
una mezcla de drogadicción y películas de cine, un esplendor espontáneo, menester en estos momentos de
caudales sangrientos, donde la asquerosidad se torna en la belleza, y Marco Aurelio mira de reojo, para que
el imperio no llegue a su fin.
“Mi papá es un ex comisario”, fueron sus últimas palabras antes de degollarnos.

El Señor de Los Caramelos

Montañas blancas asemejándose a mis vistas. Tengo muchos sentidos alerta, pero por más que quiera resistirme,
hoy vuelvo a caer en todas estas películas complejas, planos secuencia de mi vida o quizá la de algún otro,
que tanto me necesita y como si no me diera cuenta, vivo, siento y de a ratos existo.
Me atemorizaría presentarme sobrio ante una situación, con la cabeza en blanco, y el líquido encéfalo raquídeo
fluyendo alegremente.
La alegría es el estado más cercano al suicidio. Una masturbación de sentidos que apenan las velas de una existencia monogámica,
que aplasta los dogmas de probar todo lo que sea alucinógeno, todo aquello que destrabe las programaciones con el mundo heterosexual que tanto demuele a los individuos,
sea así por sus creencias o sus supersticiones.
La visión estaba teñida de verde. Llegué como de costumbre al templo de los monjes, y fui instruido en una nueva disciplina, mis metodismos fueron sustituidos por una depresión inerte, mis técnicas de sonreír se transformaron en masacrarme con carcajadas interminables, y así supimos rendir culto a los salvadores de Gaia, que tanto desconectan la energía negativa.
Mi imaginaba a mi mismo en un túnel blanco, de terminación cónica, rodeado de una selva desolladora, sacudía mi viaje hacia la luz, una luz similar al fuego, de llamas eternas y de ningún tormento. El fuego que renace, como el ave fénix, y hoy me olvidé de todos los problemas, que cuanto había maldecido fue en vano, y que iluminarse es una de mis más envidiables características, por lo que ya no tenía sentido pensar lo malo de lo bueno, lo perfecto de lo patético, lo idiota de lo excelente, lo general de lo mediocre, y para coronarme al fin, deje mis brazos amputarse al calor de esa flama, quemando lentamente el túnel cónico.
Inhalando y exhalando complete aquel viaje astral.
El ritmo cardíaco era elevado.
Una sensación de volatidad recorría mis miembros, especialmente mi cerebro, que tanto divagar se enfermaba con pensamientos inhumanos, o humanos a la vez, si nos tenemos que poner a debatir sobre estos.
Las meditaciones fueron de muchos túneles, demasiados Fenixes renacieron en aquel momento, y simplemente pude dejarme llevar antes que me derritiera en mi propia soberbia.
Hoy pude escuchar demasiadas cosas, quizá muchas de ellas no debería conocer, ni enterarme, otras las debería haber amado, odiado, acribillado con mi ideología paupérrima, que empleo de vez en cuando, para convencer a alguien de que hoy estoy más intelectualoide, y me vas a respetar, te guste o no. La retórica de Sócrates básicamente.
Afuera la lluvia invadía todo. Tranquila y melancólica, cavaba senderos oscuros, preguntando hasta que punto íbamos a llegar con la meditación, cuanto más podíamos soportar enviciar los sentidos, en torrentes de Tiramisú, pan blanco y queso, jugo de naranja sin gas (no 0% y con plus de vitaminas), caramelos de damasco y ananá, cigarrillos varios, y otras cosas que no tiene sentido recordar.
El azúcar me puede. Una dosis de ellos cuando estoy hundido en un estilo Trainspotting, de fondo recuerdo las palabras: “..It’s just a perfect day, I’m glad I spended it with you..” y pienso por eternidades. El espacio temporal se vuelve la cucha de un perro, partículas subatómicas me avecinan la intuición de pensar que si hoy me muriese, no compartí nada con nadie.
Por ahí también compartí demasiadas cosas, y no quiero evidenciarlo de esa manera, porque me preocuparía en grandes cantidades morir y tener demasiados afectos.
Morir con un montón de gente alrededor, personas que te adoran, que te envidian, o que simplemente están ahí, para ser bombardeados como en el Guernica, si hoy tuviese que esfumarme… ¿Sería rápido e indoloro, para que yo no pueda comprenderlo? ¿Me mutilara el pensamiento primero, y después treparía el ataúd de mis últimos momentos, hundiéndome en vicios descomunales, catatónicos, de esquizofrenia ilimitada, parricidio o paredón a mi mismo, para después caer sublime ante la mirada?

Banderas rosas, pequeños burgueses


Parte 3 (y casi finalista)

Carajo, paso exactamente una hora desde que escribí lo anterior. Tampoco me importa mucho. Primero me voy dando cuenta que un tiempo después de todas las meditaciones, ya no es todo negro o blanco, lima o limón, sindicato o muerte, sino que pueden existir puntos medios en la vida.
Quizá como mecanismo de defensa preferís optar por lo más fácil, lo más inútil, el extremismo de creer que las cosas tienen ida nomás, y no vuelta.
Pero claro que contradicción aberrante me consta hoy, leer lo anterior y sentir que una parte en mí había predicado ideologías que analizando en profundidad, ya no es tan importante presentarse y decir: “¡Hola! Soy un espacio óptimo para categorización ideológica”... si al fin y al cabo ¿No es más importante evidenciar el cambio en las sociedades, que sentarnos a discutir discrepancias históricas de hace más de setenta años, para terminar no concordando en nada? ¿No es esa también una forma de burocracia contra la que muchos deciden luchar? ¿Es quizá un vaivén de sujetos innecesarios que aplacan sus sentimientos con necesidades innecesarias?
El reformismo es quizá otra de las enfermedades incurables. Eso y perder el tiempo hoy, en un país tan destruido por la nada, por la negligencia cotidiana y que llama urgentemente a sus hijos para al fin de todo poner una venda enorme, y curar las heridas de todos ellos a quienes les debemos perdón. A la gente que mantiene la base de la sociedad, a esa gente que siempre no importa cuales sean las circunstancias para la ley y la autoridad siempre tienen el perfil necesario similar al de un criminal, cuando en realidad es el que tiene todo, el más necesitado de tener más y más... muestra evidente del pueblo argentino, donde quienes ocupan casas son invasores bárbaros y son entregados constantemente a la picadora de carne policial, por no decir otras atrocidades mayores.
Un pueblo que se destroza entre sí, sin darse cuenta que arriba hay otro panorama.
El caos social, el enfrentamiento de clases, y el odio al prójimo son la receta primordial de los gobiernos, de las transnacionales y toda la demagogia latinoamericana que creen ser salvadores del nuevo milenio.
Como si entonces Paraguay en tiempos de antaño sufrió en vano la devastación,
y hoy sus tres destructores se regocijan por ello, sin nunca haber pedido disculpas por el hecho de ser desagradables.
Y así caen las fichas, y ya no se trata de pequeños burgueses, sino de la falta de espiritualidad, de objetividad
y la falta sobre todo del accionar sano y conforme a las necesidades actuales....
No a las necesidades de nuestros ancestros en el año 1921, 1938 o esas fechas conmemorativas de infiernos y salvaciones.
Quizá me es más fácil y divertido a la vez, echar toda la culpa, el aborrecimiento, la inconformidad, el malestar estomacal, la ineficacia de mi ideología, y el poder de las letras, intentando pensar que la consecuencia mayor del fracaso humano, es no haber podido entender leyes tan simples, códigos tan naturales como el armado de un cigarrillo.
Y de fondo me acuerdo de “Chica Mala”, uno de esos temas que atan mis memorias a lo de siempre: la soledad del humano.
He ahí el fin y el fracaso, la decepción. Ya no se trata de grupos, de encasillamientos, de cuestiones estúpidas y de debates a largo plazo, pagando en créditos infrahumanos las discrepancias del asalariado y el propagandista que tan convencido está de las acciones que hace décadas funcionaron.

Esto puede ayudar a concluirme, o concluir.
Y sin embargo sigo pensando en esas palabras, aunque a largo plazo no me guste, mis luces se apaguen y ya no sea más joven para poder pasarme el tiempo jugando a las cosas que más disfruto.
Situaciones que nunca entendí porque a medida que se crece, cada vez más y constante, uno se llena de formatos inútiles donde tiene prohibido hacer ciertas cosas, porque este acto insano, inmaduro inclusive, no va acorde al estereotipo común. ¿Entonces es más importante, más “maduro” tener hijos a los 20, ser una maquina perforadora sexual que solo sirve para contraer una subida de autoestima incongruente frente a todos los fracasos de su momentánea existencia? ¿Ingerir matrimonio como si fuera una droga pasta base, para pasar el resto de la minúscula existencia atado a una controversia mas grande que el gobierno K? ¿Estudiar en organismos corruptos, una sola línea de educación parlanchina, degradada y preformateada para que todos los médicos, abogados, cineastas, odontólogos, políticos, economistas, artistas, criminales, sean iguales que hace cincuenta años atrás?
Entonces nos podemos dejar un legado de diarrea, de mierda estancada como si se tratase de la boca enorme de un mundo concebido por el culo, el fluido urinario de un sistema podrido por la estupidez, el formateo actual, y la globalización, una masa mutiladora de vergas gigantes que representan toda la sangre, toda la suciedad, la basura, de lo que hoy llamamos existencia.
La vida está hecha para disfrutar hasta el último momento, no para ser un imbécil del montón.

20080809

Cielos azules, y no me hagas acordar que pasó..

Skeletor's Music Closet


Bueno, hoy no voy hablar demasiado. Hace ya un tiempo había encontrado este disco en la red, en realidad me lo paso un amigo quien obviamente encontró esta joyita en Stay Free. Es un disco muy extraño, de a ratos te dan ganas de tomar tereré y fingir que esta todo perfecto en el mundo y que las hormigas son felices rompiendose el culo para trabajar... por otro lado te surgen dudas si las cosas están como para empalagarse, entonces entre cigarro y cigarro te funcionan todas las neuronas al máximo. Ideal para consumir algo, y tomar una buena cerveza un día bajón a las 3:00 de la mañana.
Este disco pertenece a Albert Hammond Jr, cantante de The Strookes, y un gran guitarrista, más allá de que nos guste su banda o no. Personalmente no me cabe ni medio, pero cuando escuche los primeros temas (In Transit, Everyone Gets a Star, Blue Skies, etc.) me cai de culo sinceramente.
Tiene un ajuste musical muy bueno, una mezcla de melodias melancolicas en algunas secuencias, de a ratos Pop-rock, pero sin duda te empalaga un buen rato. No se si lo pondría entre mis 20 favoritos, pero al menos un 35 se gana.
Algunos detalles, el tipo este extrañamente tiene un cierto parentezco con nuestro pais, ya que su madre es Argentina, y para extraños momentos de la vida, hizo un disco llamado "¿Como te Llama?", interesante tb.
Sin duda es un aparato, si bucan alguna foto en internet lo van a ver con esa porra, un cigarrillo en la boca y esa cara de: "Tomé algunas drogas..... ¿Se nota?", que no esta mal ni bien por cierto.
Lo loco del muchacho este es que tiene bastante prestigio en Estados Unidos, hasta inclusive fue a estudiar en Suiza, donde conocio gente interesante. Inclusive su padre (Albert Hammond) fue un gran músico también, si me preguntan Popero, pero bueno... nadie es perfecto.
La mejor frase por lejos: "Its hard to live in the city"

Acá les va el link para bajarlo:
Albert Hammond Jr - Yours to keep
El disco esta free en la red, asi que no me hago responsable de un carajo, la música es arte, el arte es para todos. Internet es libre, y mientras nos manejemos en este estado, el derecho al conocimiento y aprecio artístico también vale.
¡Que lo disfruten!

20080731

La prisión (inconcluso 1)





Había estado sugestionándome un rato largo. El escape de las colinas pudo ser mucho más propicio que cualquier estrofa de un poeta malhumorado. Momentos de cocaína, pelos atómicos en las partes más ínfimas del cuerpo, una mente desgastada y la adrenalina que desbordaba los campos sensoriales de mi infierno.
Sonaban en mi mente los estallidos del cielo, le hacían blasfemar, desvariarme un poquito a la derecha, retomar mis ideologías y analizar los hechos que me frustraban el escape en este instante.
Tomé el camino hacia Avenida Monteaplastado y la intersección con el pasaje Mónaco.
Una zona industrial, un asco, la basura en las calles era el mismo asfalto, los adoquines teñidos de negro, el hollín, se acumulaba bajo las suelas de mis pies, cayos destapados por haber corrido toda mi vida.
Era de día aproximadamente cuando la gente empieza a desmembrarse y los puestos de choripán levantan sus carritos para que el movimiento de los camiones, no contagie a sus clientes. Estaba solo, pero acompañado. El ruido me taladraba la cabeza, y lo único que podía hacer era caminar en línea recta, hasta cruzarme con algún colectivo que me llevara lejos de allí.
El puerto estaba también a pocos metros, una hediondez, ruidos de grúa, barcos, gaviotas, obreros trabajando, millones de containeres con quien sabe que cosas, hasta inclusive muchísimos monta carga apilados unos con otros. Estaba de nuevo en Malos Aires. Pensé que mi escape iba a ser para siempre, pero el destino ata al individuo a sus más tristes temores, y aunque estos sean de una inmundicia desmesurada siempre se cae en el punto de partida del miedo humano.
La reflexión y la mitología son solo puntos de quiebre en la vida, laureles astrológicos de coronas que nunca llegan a las manos del más carenciado.
Era quizá el más diminuto de todos los gigantes del lugar.
Pequeño, sumiso y desconsiderado, pues me había escapado, pero aprisionado al mismo tiempo queriendo ser y dejar de pensar en que la vida me había caducado con sus cuentas vencidas, que el perfume de mujer aplastaba mi lengua, que las ideologías que llevaban mi bandera habían sido descuartizadas y solo entraría en conflicto conmigo mismo. Me recordaba a mi mismo, como una pintura. Mis más profundos deseos mono cromáticos ya no tenían incoherencia artística, sino que iban apagándose para fundirse con un azul, con un naranja linterna, y con el pincel de algún aristócrata que deseaba expresar sus sentimientos sin sentir nada. Pero era inerte.
Al movimiento sobre todo, a aquella ciudad-rata que tanto profundizaba la economía de un país represivo, ambiguo y productivamente explotado.
Finalmente (y con el cigarrillo consumido), pude llegar.
No se si había llegado a la intersección, o a lo más profundo de mis pensamientos, de mis fractales, y sencillamente me importaba un pito.

De fondo me acordaba del bolero “Regálame esta noche” y su bella cantante, que solitaria aún buscaba algo más que existir sin melancolía.
Y todo fluyo así sin demasiado perdón de su parte. Las dimensiones de mis alucinaciones eran casi extremas, y poco podría recordar sobre ese momento, especialmente al mirar los vehículos pasar, mientras dentro de mí se iba consumiendo la flama del pudor. Atado así a un montón de incongruencias de mi parte, volví al mismo túnel negro de siempre.
Pase de rodillas sin sentir demasiado, hasta toparme con la esperanza en vida. Un cuerpo increíble, y una necedad de lo más exquisita. Vagaba ella por los quehaceres de existir, mientras sin una perspicacia subordinada, miraba de reojo mis pensamientos volar y volar, para al final dejarme desconcertado. Inútil, sin resentimiento, pero útil al menos. Sin ganas demasiadas de explotarme, pero con la necesidad fatal de extender mi vuelo hacia un nido mejor.
El soundtrack de mi vida estaba siendo asediado. Los cambios temporales y espaciales volvían constantemente. Ahora estaba un poco mejor que en el otro universo, pero de cualquier forma, comenzaba a sentir la lucidez de a poco.
Ella se acerco a mí, caminando despacio, piernas entrecruzadas, y poso sus ojos frente a los míos. Una vida nos reencontraba, recuerdos de futuras relaciones, aquellos ojos súper dotados de color celeste en su centro, un sombreado arquitectónico marcando el fin y el comienzo de semejante estatuto. Unos ojos fascinantes, llenos de dolor, pero vacíos de emoción. Porque nunca había llegado, o porque no le interesaba, hacer algo más que mirar con su sencillez.
Pequeñas y hermosas manchas semi marrones en su cara, joven, simple, pero destellante a la vez. Ni una gota de soberbia en el cutis, y un esplendor acribillante en aquellas pecas.
Me exoneraba toda culpa. Las montañas batallaban y la música seguía y seguía.
Apenas recobre el conocimiento de mi mismo, sepulte el destino para siempre, de manera que pudiese dedicarme al aquí y ahora. Si la dejaba correr, iba ser una desgracia, si me dejaba aplastar, pronto mi lengua se hundiría y ya nada puede corresponderle a ella, oscilante criaturas de las que lloran piedra molida.
Demasiadas metáforas, mucha filosofía, y una pizca de inspiración fueron el recipiente.
Todo lo demás fue orinado como una costumbre mía, siendo ella mi cómplice, y así nos delatamos los pechos abiertos, las ganas de volar un rato, el destierro angelical, la sabiduría de los sonidos, y el color rojo de Jimi Hendrix.
Necesitábamos algo el uno del otro, y habernos cocinado a fuego lento, fue la mejor receta de todo esto.

Los instantes siguientes me secaron repetidamente, tuvimos que dejar el cuerpo para más tarde y volver al panorama industrial de mi conciencia, donde ya no quedan muchos seres humanos para expresarse.. donde hablar es un hábito extraño, pero habitar se torna en revolver basura, constantes situaciones desafiantes, para comprender que aun simple es más difícil fenecer.


Soundtrack:
Young Marble Giants
Young Marble Giants
Young Marble Giants

20080722

La importancia de sentirse menospreciado





A veces gris también. Quizá sea todo parte de una sensación incrédula que en esta vida me valgo por mí mismo y que no necesito de nada ni nadie, ninguna droga que me estimule, ni ningún beneficio que me acredite dinero en mi cuenta.
Decisiones unilaterales son los mocos de todas las mañanas, anfetaminas de televisión se tornan las tardes, y un pastizal de juegos de mesa.
Cuestiones verbales, mis dolencias mayores. Unidad esotérica mi mayor desafío.
Siento vagar en una carabela donde el sexo de esta es mi mejor amiga, aquel perro oscuro de Nick Drake con ojos inexpugnables, el maltrato de la sociedad, y la necesidad de andar solitario.
Perro de la lluvia, animal del rencor, antorcha del dolor, mimetizado con mis oídos, vértebras de la sugestión de estar enfermo.. y hoy sin embargo me siento más enfermo, por no tener nada, y que mi cabeza da vueltas todos los días, buscándole la alineación a las cosas, el sentido a vivir, menospreciarme la constancia de ser el ser más feliz de la tierra, en partes.
Cuestionado por las autoridades neurológicas, cuidado por mis placeres, y destrozado por mis vicios, de un ser humano, que quiere demasiado, y odia tan poco…..
Pero cuanto odio me tengo a mi mismo por no sublevarme todo este tiempo, a la emoción antropológica de las pastillas del amor.



(Kim Deal, Regalame esta noche.)

20080721

Anécdotas: ¿ficción o realidad?


Just like honey

(o como pude desconcentrarme)


A veces soy un completo malestar genérico. Siento la necesidad de adoptar facetas oscuras de mi vida, donde me proyecto como un gran dictador, un catastrófico jinete anti-cristiano, o un colosal monumento a lo absurdo.
Mis tiempos me condenan, hay otras veces sin embargo que me empalago de dulzura, soy como un oso de peluche, cada vez que me abrazan, me apretan saltan espinas de la planta más salvaje, y daño a quienes están alrededor mío pero es necesario mostrar una pequeña parte sensitiva.

Volví de la disquería, el tiempo estaba horrible como siempre en capital. Emprendí el largo trayecto de caminar entre zombis, desalmados y gente sin cabeza, una verdadera epidemia, pero mucho más normal de lo que me esperaba. Con el nuevo disco bajo la mano, un rubio en mi boca y las pocas ganas de vivir, me dirigí hacia la boca del subte, línea B, que va hasta Los Incas, un tren feo muy feo, rojo comunista pero sin la esencia de este, sin ideología, tren de hojalata.

Como era costumbre en mi anarquismo interior, no apagué el cigarrillo, bajé las escaleras, y procurando no ser visto (algo imposible con la muchedumbre de las seis de la tarde), salte el molinete represivo que ahí se encontraba. Un hombre alto, fofo, y con aspecto de orangután comenzó a correrme. Acto seguido la muchedumbre comenzó a percatarse que podían despertar, dejaron de ser maquinas mortales por tres segundos, y se transformaron en espectadores del coliseo romano, donde por primera vez mostraron gestos misericordiosos de risita.
Yo un osado gladiador, con un CD como mi mortífera arma, y él Orangután, un gladiador dispuesto a destriparme y llevarse mis últimos complejos contra el nuevo sistema gubernamental instaurado. Vehementemente le tire un par de escupitajos, procurando crear una especie de baba gigante que desencadenara un resbaladón fatal en él, y así yo, victorioso, podría llegar a casa para escuchar el nuevo disco y tomarme una buena cerveza como ameritan los miércoles. La bestia descomunal sin embargo, evadió mis ataques de proletariado, puso cuarta en su motor represor y picando a fondo me seguía por el pasillo interminable de la estación, la insoportable muchedumbre estaba detenida, todos reían y enviciados con el nuevo espectáculo tiraban frases de halago a mi exuberancia.

¡Que ganas de deshacerme de aquél orangután! ¡Que ganas de mandar toda aquella muchedumbre egocéntrica a la reverenda mierda, y volver a mi casa, deprimido y contento, con ganas de tomar una cerveza!

Lamentablemente y para mi anhelo, la situación se desenvolvía rápidamente como una película de Tarantino.

Seguimos corriendo como unos desaforados por el resto de la estación, subimos una y otra vez las escaleras, pasamos por la boletería mas o menos treinta y cuatro veces, hicimos inclusive pausas para ir al baño, derramar un poco de orina en el piso y volver, también ayudamos algún anciano que no podía subir las escaleras, fuimos amigos y enemigos, nos odiamos, hasta que procuramos seguir corriendo, escapándonos de todo.
Se me estaban acabando los cigarrillos y las ganas de ser un gladiador. Con la bestia pasaba lo mismo. Ya no corríamos fuerte, el me seguía a caballo y yo montado en Chewacca, nos disparábamos una serie de insultos, ofendiendo a nuestras madres, hijas, esposas, fervores religiosos, hasta nuestros propios órganos reproductores formaban parte de una prosa poética del mejor estilo Bukowskiano.
Sin más ganas de correr, fuimos llamados al programa de TV de una conductora dinosaurio, actriz de cine en la época de Bartolomé Mitre, aristócrata de alma, y completamente fruncida.
Nuestras posiciones eran muy diferentes: Yo anarquista y él represor. La vida y la muerte. Nietzsche y Dios en una mesa de debate, repartiéndose la fe religiosa, la aplicación ideológica y la última pata de Pavo que quedaba en la mesa.

Pasamos a penas tres horas en el programa (horrible por cierto debo aclarar) y comenzamos a correr nuevamente. Salimos del estudio por una puerta y aparecimos de nuevo en la boletería donde todo comenzó.
Nuestras energías llegaron al límite. Yo completamente agitado, con mi nuevo CD bajo el brazo, me dirigí desafiante hacía el Orangután, recordando un habla ermitaña lo mire a los ojos y le dije algunas cosillas.
Le había contado casi la historia de mi vida, de cómo había decidido convertirme en un escritor, cuanto me gustaba el anarquismo y porque Dios no me caía bien. La bestia se quedó impaciente y perpleja a la vez.
A través de nuestra discusión, nuestra conversación, y después de batallar en el coliseo romano, descubrimos que quizá ya no existían demasiados motivos para emprender una nueva persecución.

Sin embargo no tenía intenciones de pagar el boleto, y él no me dejaría pasar con la frente en alto, con el anarquismo bien inculcado pero al menos conseguiría volver a correr que tan bien hace al cuerpo.
Antes de poder llevar a cabo mis planes, la bestia atroz, sacó de su uniforme un termo, me convidó un mate con un bizcochito salado y me preguntó sobre el disco bajo el brazo.
Me quedé estupefacto, pues esta reacción no era lo que esperaba.
Acepté el amargo sin ninguna objetación, ingerí el liquido placenteramente, charlamos un rato y después recordé que era tarde.
Le devolví el mate, arrojándolo contra la boletería (por pura distracción) y comencé a correr desaforadamente. La bestia con una sonrisa dibujada, me siguió de nuevo, la misma historia, en el mismo lugar.
Tras unos pocos metros, di por abandonada mi carrera de gladiador, puesto que el pavimento se estrelló con mi cara, y tras un rotundo, espinoso y rutilante dolor, caí al piso.

Desperté sobresaltado, en mi cama, con Vicky al lado mío, durmiendo lo más tranquila.
Mi ropa estaba tirada en el piso, igual que aquel CD, y lo más extraño de todo, un tema muy particular “Just like Honey” sonaba sobre mi oído izquierdo.
No pude llegar a comprender la anécdota. Sin demasiadas conclusiones, me levanté, abrí la heladera, destapé una cerveza y volví a la cama, escuchando de fondo aquel disco surrealista que me había acompañado en un viaje inolvidable.



20080708

Banderas rosas, pequeños burgueses



(Parte 2)



Abro la heladera y solo hay cerveza, un poco de fiambre que quedo de ayer, agua con espuma, manteca, un pedazo de queso y algún que otro tomate, o una hierba, da igual. La caja de cigarrillos vacía. Nada que fumar por ese lado, ni por ningún otro todavía.. Tengo que aclarar las mentes cada tanto, poner los cabales en su lugar y progresar en la constante lucha.
Cada segundo, cada minuto perdido en pensamientos ordinarios, que serían insignificantes crímenes cometidos a las victima del dogma, del reglario (una especie de mandamiento) estúpido de la nueva era. Cuando no entiendo, el domingo pega duro. Y ni un policía motorizado puede llegarte a salvar de esa.
La TV es una tremenda basura. Digo, ahora y siempre lo fue, recuerdo ser muy chico apenas unos 13 años, sin demasiadas perspectivas de lo que pasaba en este albergue. En aquellos tiempos la lucha era similar, algunos de calidades soviéticas defendían el enorme caos militar, el caos social, y el cultural inclusive. En aquel entonces, a muchos no nos importaba demasiado lo que se cocinaba detrás de la mirada comunarda
Ardían los deseos de liberación, y por eso comenzaba la tras batalla de comprender a Ernesto, que había hecho, porque lo había hecho, y cuanto podía yo llegar.
Me di cuenta que la realidad me desbordaba. El mundo parecía un lugar excelente para un joven adolescente, alejado de la vida misma, crecido detrás de ramas hermosas cuyas gotas cristalinas (perdidas de somnolencia), despertaban el buen café con leche de cada invierno.
¡Que maravillosos paisajes lo que tiempo atrás jugaba inocentemente en la “montañita” de aquel buen licántropo de amigo, un hombre fenomenal, pero que extraño era vivir antes!
Si, era una ciudad fantástica, pero muerta con toda la energía posible. Quizá todos nos aburguesamos con el tiempo, quizá la gran mayoría intento filosofar y despedazar el poder, pero hoy en día, cada viaje, es un retorno, a las épocas que más he dormido, pero que a la vez mucho más necesite vivir para comprender lo que la burda existencia, de un conglomerado asalariado por mi ignorancia me llevaba a estropearme de rencor.
Rencor a no haber comprendido, el caudal del momento. Rencor a haberme doblegado, de no haberme preocupado por mi mismo, o por hacer algo, detestar a alguien aunque sea de mentiras, y de dejar de coronarme como una especie de personaje que no atrae nada bueno.

No había nada en la heladera ni en ningún lugar de toda la especie. De fondo sonaban The Stooges y su gran disco. Mi casa no era tan divertida como lo que ellos me estaban aconsejando actualmente.
El reloj se asemejaba a las 14:19 si mal no recuerdo, estaba un poco ofendido, de a ratos momentáneo, y cuando más energía tenia me sentía amable, pero hoy tengo que olvidarme de esa estupidez burguesa que perpetro, cada puto instante en que quiero ablandarme.
No es bueno ser blando, no en este momento. ¿Quién puede entonces hablar de banderas y signos libertarios, si el intelecto sentimental no es el adecuado?.....
Hay que tener huevos para llevar la bandera rosa, sin siquiera comprender los colores de las luchas sociales.
Muchos se adjudican millones de perfiles urbanos, anarquistas, agnósticos, gótico, hardcore, satánico, o radical inclusive. Pero ya no es cuestión de no pertenecer a ningún lado, en grupos ficticios de observaciones discriminadas sobre la marginalidad que ellos no parecen comprender, una y otra vez... no es que el mediocre se volvió intelectualoide, el abandonado burgués se hizo honesto y un genio, y que los negros son todos de piel.
Los brutos son de traje, de posición, pelados, quizás. Sacar la lengua no denota humildad, humilde es aquel que se descuartiza a cada paso, en la pirámide, en el escalafón del esclavismo, padeciendo hambre, aquel conocimiento aristotélico que nosotros nunca vamos a entender.
Quizá por dormirnos, en la parte más dura de la historia.
El cambio puede estar cerca, pero hoy en día llevar banderas es un complejo proceso de asociación ideológica.
Retomando banderas, el color rosa es poca cosa. Representa una ideología particular, una ideología burda, y desinteresada por la realidad.
Si bien, es una gran música para deleitar los oídos, es erróneo pensar que con escuchar un poco de post-punk situacionista, o sus derivados, se contribuye a la libertad ideológica, todo lo contrario es una monarquía.
Un simple pensamiento, de lo que la acción debería ser en un joven. Sinceramente, los libros se suplantaron por los culos plásticos, las ideologías por las galas mediáticas, y el pensamiento, la meditación, por una cancha llena de dólares, y figuras semi perplejas.
No es casualidad, que las cosas anden con caños en vez de promiscuidad.
Promiscuidad ante invadirnos de pensamientos subversivos, de necesidad, para levantarse, y dejar los rodillos, los palos de amasar, los garrotes, para los esclavos de sus actos maléficos. Actos incongruentes de desorden existencial y moral. Próceres de la mentira, de la religión, del engaño, mutilación, tortura, dolor, hambre, injusticia, caos, desabastecimiento intelectual, manipulación, represión, dogmatismo... muchas otras variantes...

El celular acababa de sonar. Al final la junta se cancelo, y las pastillas fuertes están sobre la mesa, dispuestas a destruir todo sin importar los medios. Ya no hay paciencia, hay miedo, que sucumbe a las sociedades en una explicación inmunda del totalitarismo.
Son las 14:47 y no pude prender la tuca siquiera. Mi impaciencia por saber a que hora jugaremos al fútbol (si sí, para despejar la mente), impide que me relaje completamente y juegue a conquistar el mundo, con unidades psíquicas, matones musculosos, naves voladoras (OVNIS exactamente), viruses y otras fantasías reales de esos grandes juegos estratégicos-imperialistas.
Si claro, la cultura imperialista nos abastece los deseos de luchar constantemente. Una vez que se es conciente de lo que el poder representa, es más fácil educarnos el futuro incierto, el pasado en metamorfosis, y al existencia friccionaría como un dedo meñique en los pastizales de la lucha constante, del progresismo revolucionario.
La bandera rosa es claramente una muestra de “Quiero hacer algo, pero no se que, y tengo temor de ellos, por lo tanto voy a sentarme a pensar como actuar.”.
Esta sentencia pensadora, tiene dos errores conceptuales.
Temor, claro que esta sensacional tener temor, al fin de cuentas, es él quien hace mover todo dentro de uno, de sacar la energía mas fuerte para golpear conjuntamente. Sin este, nadie nunca conocería la valentía... y creo yo que siendo un tremendo cagonaso, puedo atreverme a sentirme como un valiente también. ¿Y porque no, creerme que puedo ser el caballero andante, valiente, dispuesto a caer en las garras de una joven activa, de color rojizo, naranja, o como más le guste a ella?
Sino... todo lo anterior no tiene sentido, hay que tener miedo.
Miedo de saber que lo que se nos viene encima, es más que un meteorito, es una carga dolorosa de llevar, pero no importa.... ya la sangre esta derramada, lamentablemente y sin PRE consenso democrático, nuestros cheques fueron cobrados antes de vencerse.
Quizá tendremos la de perder, pero a diferencia de ellos, todavía conservamos los valores, y eso es lo más importante en un joven revolucionario. No ser subversivo al pedo, creerse oficialista de acuerdo al momento, y tampoco de hacerse el duro con todo y todos.
Sino ser libre, de saber cuando golpear, con conciencia de lo que sucede, miradas objetivas y por sobre todo no creerle a ningún organismo traidor de izquierda, a ningún dirigente con ánimos de aplastarnos, ni mucho menos al periódico, o la televisión, indicando este último como culto a la decadencia de un imperio artístico, cultural que tantos años nos costo crear...
Todo para que después ellos quemen el duro trabajo de entender el mundo a través de la historia, con sus estúpidas presentaciones en público, revindicando el teatro como su transporte aristocrático, y la ineficacia de su existencia, creadores de vidas alternas detrás de esa estúpida, imberbe, pestilente, amorfa, descorcha cerebros, hoguera, guillotina, escarmiento mongol, que llaman televisión.
De cualquier manera, la bandera rosa es el primer paso, el que abre las puertas a destruir evangelizadores, a destituir las mentiras cotidianas. Pero no debería transformarse en la incredulidad, en el engaño de la descomposición ideológica, la vida está afuera, la música nos acompaña, pero el trabajo es nuestro.
Y así como no existiría reflexión sin ella, tampoco podemos probar la ideología si primero no pasamos por la música.
Pero no confundamos, primero banderas rosas para destapar los oídos burgueses, después banderas rojas, para incomodar a los burgueses.



Carlos Fuentealba, presente. (1966- 5 abril, 2007¿?)

20080630

Banderas rosas, pequeños burgueses



(Parte 1)

Era inevitable pensar en decadencia. Habíamos sido víctimas de muchísimas incongruencias sin siquiera ser escuchados, por cuestiones de espacio ínfimas pero ciertas, y quizá eso era lo más doloroso de todo el trayecto semi angelical.

Francisco y compañía sonaban de fondo. Sentía mis momentos de reflexión más cercanos, puesto que ya había vivido toda la parte más compleja en este monumento al destierro psicológico, a la marginalidad por parte de la ignorancia, y otro abanico de boludeces de ese tipo.
La noche del viernes había sido catastrófica. Cuervos sin cueva, lagartijas y sabandijas que no aportaban a las ganas de crear momentos cristalinos como tiempo atrás lo habíamos hecho nosotros, como un grupo. En aquel entonces no teníamos diferencias sociales que nos llevara a descongruir todos los lapsos espaciales. Pocos nos decepcionamos al saber que nuestra funcionalidad ya no era la misma, que el mecanismo del engranaje de la amistad se estaba evaporando como si fuera una especie de hechizo mal casteado.
De a ratos me sentía drogado, enojado con la situación, ebrio, melancólico y hasta impotente por no querer evidenciar que los cambios se acontecían, y a veces uno debe aceptar lo que descaradamente sucederá, por más que los libros de teología digan lo contrario, y las teorías samuráis sobre el destino nos den otro peldañito para aferrararnos antes de caer al vacío de no tener ganas de ver con claridad.
Justo en ese momento y con explosiones en el cielo, Francisco y compañía me recordaban esta teoría como una especie de proyector de cine.
Las amistades y las relaciones se basan en una funcionalidad óptima de tamaños inconsiderados. Cuesta creer en la posibilidad de ser maquinas autómatas, cerberos jadeantes o chuletas de cerdo a la riojana a caballo cuando nos sentimos inútiles ante los hechos.

Un proyector de cine, como su nombre lo índica, consiste básicamente en mostrar una seríe de fotogramas, proyectados a una determinada velocidad (generalmente eran 24 fotogramas por segundo, según mis memorias de estudiante cinematográfico), y con toda una tramoya del estilo físico, químico.
Primero claro tenemos la funcionalidad de una cámara de cine, sea analógica o digital, en la que ahí si, la luz se descompone en tres colores por medio de un prisma, o un chip electrónico de carga acoplada, después están el iris, los diafragmas, los haluros de plata en la película (cuya sensibilidad se mide en ASAS), y bueno el clásico proceso. A veces siento que fui entrenado como un soldado de Irak.
Nunca pude comprender, porque resulta tan difícil filmar, ni cual es el sendero que debería seguir el arte del cine, y sobre todo porque siempre es más importante la técnica sobre el contenido.....
De alguna manera, era una especie de androide-soldado preparado para filmar todo aquello que mi conciencia perjudicara, y así filmaría historias estúpidas, de jóvenes que se encuentran en la plaza fumando marihuana y encuentran sombras, o de mujeres histéricas que tienen sexo con gente en consultorios, o de cuan surrealista puede ser un codicioso y engreído estudiante cinematográfico. Lo extraño será cuando ponga mi cámara en plaza General Las Heras, y preparando a los actores, pasar por alto la constante, desgarradora imagen de ver que mientras reímos y hablamos de David Lynch, un niño de apenas cuatro años entre sus dientitos, y sus manos de obrero, me pregunte: “¿Qué es eso?”, y yo señalando la gran cámara Mini-Dv de 3 CCD que descompone los colores para obtener mejor calidad (¿?), decirle......: “Esto.... bueno esto es un juguete para mostrar la imagen del mundo que yo quiera.”, él quizá con sus ojos mundanos me mirara a los ojos, y se dará cuenta que si no fuese por él yo hoy no estaría sentado en la silla, y estaría exprimiéndome las pelotas, con tinte azul por cierto, vestido al estilo belgranense, y consumiendo 45 películas semanales para no poder comprender que la técnica es espontánea, que el cine y el arte también lo son, pero la revolución no.

A veces quiero ser una pluma. Quiero ser inocente y permitirme ver la vida sin ojos críticos, simplemente dejarme llevar hasta donde el viento del progreso me empuje, y al menos llegar a la mano de una colorada, que enamorada de mi mismo se haga cosquillas en el pie, en el cuello o mientras abre sus piernas en flor, un domingo a la noche sola, sin ningún embarcadero a la vista.
Sí, a veces me encantaría ser una pluma. Pero para ser una pluma hay que morir primero, hay que coser las rodillas (que tanto nos duelen ya), ponerse unas gasas y parar esa constante hemorragia imperialista que nos oprime desde que tengo memoria visual. El cambio nunca es evidente. El cambio es un galimatías, es un desmadre en mexicano, pero es necesario.
La actitud del bohemio, del anti todo, del anti tribu, del drogon, narco epiléptico, es vivir rodeado de cambios. Dejar de pensar como vivir, y salir a patearle el culo a la vida, demostrando que la bandera de la ideología revolucionaria siempre será mas fuerte, y que el rojo es nuestro color favorito, por la sangre del oprimido, por las costillas rotas de los jóvenes y niños que les importa un reverendo carajo el peronismo, y que ellos nada tienen que pagar por las aberraciones constitucionales y sindicales de los dirigentes actuales. Que ninguno de ellos pidió ser obrero antes de tiempo, que ninguno de ellos (teñidisimos de rojo) conoce el materialismo clasista, y que tampoco le interesa formar parte de los restos consumidos de una argentina anti ideológica, disputada, cizañada por el afán del lucro. Quien más general es, más peronista se siente.

Me fui al carajo, retomando decía que las amistades son como un proyector de cine.
La película puede tener diferentes sensibilidades. Los amigos también. Cojerte a su hermana, su mejor amiga, o la ex novia, son películas quizá demasiado sensibles para proyectar, y corren riesgo de sobre revelarse (dejando nuestro negativo en blanco) o humildemente recibir un buen puñetazo en la jeta, y una tremenda patada en la verga, hundiendo nuestros generales miñón hasta el monte olimpo del dolor humano.
De cualquier manera, siempre es tantear el territorio, después proyectamos. O quizá no, mejor será hablar, levantar la voz, y exigir que la gente conozca las cosas como deben ser, que las amistades o las películas de cine se den a conocer lo más duro posible, que parte de ser amistades autómatas, hay que saber enfrentar los dichosos cambios, y que si nos toca el bolsillo pequeño burgués y las ideologías se funden en negro, es tiempo de seguir adelante.... no de recortar gente como si fuesen muñecos de papel para después quemarlos, catalogarlos y decir: “Ahhh bueno es solo una etapa rebelde”, ¡No claro que no!

Las etapas rebeldes surgen alrededor de los 15 años. Las etapas revolucionarias, subversivas comienzan cuando el entorno te facilita progresar, y cuando si los desafíos (los verdaderos) no se presentan, aprobar un parcial se consigue con comerse libros, o dar una clase sobre filosofía existencialista es hacer cuatro preguntas. Ver una película pochoclera, tomar una cerveza sin ebriedad, escuchar Hip Hop o Punk-rock, son partes de las etapas semi rebeldes.
Estas también se denominan, semi imbéciles, semi nefastas, semi estúpidas o etapas burguesas.
Los Koalas son fascinantes. Rompen con la ideología de la tradición, consiguen lo más extraño que tiene la tierra, el misterio del eucalipto.
Un joven estudiante debería romper también con la ideología de la tradición, y saber que K es mala palabra, que los pingüinos, los pacos verdes y los sindicalistas son malas palabras, son santuarios profanados por la basura, por la pestilencia, por el favorismo y la ignorancia de vivir de rodillas.
Quizá las películas sensibles, se dañan de manera tajante por demostrarle al otro, que quizá su lugar este equivocado y que eso no es motivo para seguir equivocado, y que además equivocarse es el mejor paso a la espiritualidad. Que su lugar, no debe conservarlo, ni sentirse amorfo, que nada es motivo de genialidad, sino abrir sus plumas, sus vientres al constante cambio, del fervor rojo revolucionario y la Pluma que todo arrasa, hasta inclusive los devastadores murales de Diego Rivera.
Ser subversivo es quizá el camino más rápido de tener sexo. De fumarse un porro, de destapar una buena cerveza bien fría, o del cigarrillo mejor armado, pero ser subversivo es además sentirse vivo, y que en realidad nunca nos educaron, que el colegio primario y secundario fueron cámaras criogénicas y que recién ahora nos despertamos de aquel sueño (pesadilla), ahora es tiempo de educarse. Y si no me creen pueden preguntarle a Jim Morrison, o a Carlos, que una vez cada tanto viene a recordarme que todavía debo seguir quebrándola en el sofá cama de casa color verde, tirando cenizas y fumándome un pucho por el lado contrario al filtro.

20080623

El sol es un compañero mágico

Donovan -
Hurdy Gurdy Man

Esta semana pienso deleitarlos con este gran disco. Hace más o menos 1 mes lo encontre navegando por los portales del cyberespacio.
Básicamente este muchacho (Donovan Phillips Leitch) de origen escoces, fue clave en la movida de los años 60. Comenzó a tocar la guitarra de muy joven, haciendo folk.
A finales de los 60, habia formado parte de la llamada escena "Psicodelica", creando diferentes tipos de fusiones de Jazz, y por supuesto Folk.
El disco contiene 13 temas, de los cuales los más destacados fueron : "Hurdy Gurdy Man" (quien sabe que carajo es eso) y también "The Sun Is a Very Magic Fellow".
Fue de gran inspiración para The Beatles, con quienes fundo estrechos lazos de amistad, especialmente con Paul McCartney, y con quien compartió experiencias en la India inclusive.
Este disco contiene una gran cantidad de porro, muy meditador, excelente para momentos en los cuales queramos relajarnos, y disfrutar de la existencia, asi abstraernos de toda la mierda que pasa en nuestro país... ¡Pero que sea solo un rato, afuera hay mucho para hacer y no tenemos tiempo!
De cualquier manera.... es otro disco para tener en mente, yo estaré escribiendo esta semana con esta obra de arte, apología al relax y un poquito de hippismo.



http://www.torrentreactor.net/torrents/1206056/Donovan-Hurdy-Gurdy-Man-(1968)-OGG

Alterego

Que difícil ocurrencia la mía... crear una simbiosis de migo mismo, para oportunarme los momentos de tan deseado reconocimiento que es aquella actividad.

Que desventaja para mi mismo saber que todavía puedo emprender actividades de las cuales no me avergüence. La dificultad de mimetizarme con el entorno es otra vez la peor película que he visto.

Capaz hubiese estado más cobarde, crearme en torrentes de heroína, o jadeando ya vacío el vaso de cerveza, arruinarme las pestañas prendiendo fuego la profesión de tocar la eternidad.

De inmolarme la existencia en un placentero deseo de aquella mujer que todos merecemos.

Cuanta pestilencia me recuerdan los discos viejos que mañanas atrás se acostumbraron a desperdiciarme, menospreciarme y acomplejarse consigo mismo.

La melancolía ya no es un estado de animo.

Crearme al destino, es forjar el nuevo camino.

Acostarse con la fama lo dejo para las putas.

Tirarme de un balcón sin dientes es para el imbécil.

Mi suerte difiere de todas las otras, y deja pensante al peor de los caminantes, al paulatino retoque de tomar las riendas del descarriado entierro que me apetece en este instante.

Pero sin embargo, que difícil resulta, describirme, o describirla, o hacerlo, cuando ni siquiera conozco de que están hechos mis huesos, y mire por donde mire veo sangre, sudor y la mente del simio abierta como una flor de luto.

Espero ser cortés el próximo momento que nos encontremos, y dejar muy en claro cual es mi estado de animo, para que esta vez no me pidas nada más excepto lo que te puedo dar, y que la locura no viene acompañada de la buena calaña, que el cerdo es cada vez más inocente si lo pintan de verde, y que el porro existe para que te drogues y veas la realidad que concurre la esfera del burguesito porteño.

No te olvides de respirar y de decirme cosas al oído, o al menos inténtalo, sino fuera de mi cama, y no vuelvas para recuperar los collares perdidos, ni las joyas, ni tu buena intención de hacerme un favor.

Mejor andate, lejos donde los lobos te toquen y las arañas sean tu mejor maquillaje.

Yo voy estar esperando, la próxima oportunidad de ser una buena persona, voy a quedarme despierto para ver que tan lejos podés llegar, o que tanto te interesa compartir algo, más allá de que si fuese un jarro de cerveza, te lo reventaría en la cara, para que aquellos vidrios (quienes fueron tiempo atrás estacas de mi dolor) hoy se conviertan en tus más indiscriminadas sensaciones de tu pérfida y mal oliente vida, que el dinero te corrompe, ya no sentís nada, tus propios momentos se esfuman, tu pelo es de plástico y esos ojos hermosos que tenías cuando eras bonita, están ahora llenos de mierda, una mierda de la cual vos y yo somos producto.

Me importa un carajo ser un alcohólico, o un drogadicto, un compulsivo violento, o un ser humano. Espero que te des cuenta, que a veces lo bello debe ser destruido, y lo feo, los feos, debemos reinar aunque sea un rato para sentirnos sucios de vuelta, y poder darle mecha a la vida existencial que nos convierte en hijos de Urano.

No, no, no te preocupes hablo por los dos, ninguno te quiere más o menos, los dos estamos ahí, luchando contra nosotros mismos y mirándonos en el espejo protestante.

Quedáte tranquila ahí mismo, no te vamos a defraudar, o quizá si... pero ese es tu problema por buscar demasiado en lo poco que hay, por esperar un hombre en vez de un mounstro, y por ser demasiado escéptica para no entender las cuestiones vivenciales, y además por considerar que el matrimonio te va salvar de comerte la depresión inmune en la cual todos fracasamos, y no te creas que por bonita vas a escapar de aquel heroico destino.

Mientras tengamos cerveza querida, nada tenemos que temer....

Y si algún día nos volvemos a cruzar, tengo todavía lo tuyo, me encantaría dártelo, pero realmente preferí juntar todo en una gigante estocada de basura y quemarlo, para que huela a mierda, se esfumen los malos pensamientos y te jodas por haberme cagado los momentos que estaba triste. Ahora con una felicidad enorme, no se donde metérme las ganas....

Pero no te preocupes, aquí sigo y aquí seguiré, hasta que encuentre alguna razón para poder hacer algo útil.

20080611

Mary Mary (segunda parte)

Estaba satisfecho y melancólico. Podía adueñarme por oportunista de lo que más me gustaba, y aunque ella se diera cuenta o no, me estaba volviendo loco todas las frases que me resonaban entre mi cerebro. Haberla conocido en aquel entonces fue una magia del tiempo, pero tampoco quería albergar una fe inmensa en que alguna vez nos volveríamos a ver, porque quien sabe... la vida separa y engaña... mucho más a los hombres muertos que a los vivos, pero de igualdades o de extremidades diferentes, a todos nos toca comernos la torta de hierro alguna vez. Yo esperaba que esta vez los panaderos no llegaran a mi, mostrándome ese regalo en moño rosa, gigante, espléndido, que no quería conocer insisto.

El tiempo se agotaba. Ella y yo tendríamos que volvernos a encontrar, por simples hechos, o porque así lo necesitaba, si hubo tanta coincidencia entre nuestras vidas, ¿Por qué no, una vez más llegaría la ocasión que mientras yo vomitara sangre, o escoria, Mary apareciera para tocarme el hombre y preguntarme mi nombre?

Me acerqué a ella. Dispuesto a ser seducido, a no mostrar debilidad, dejar de ser un completo idiota por una vez en mi vida, acercarme a ella sin mostrar ninguna medalla de las cosas que nunca concrete en mi vida. Tenía miedo al principio, sentia en carne propia el rigor de que esta vez me habia destronado, toda la payasada del trostkista post-punk no me iba a llevar a ningún lado, y que por más ideologías que tenga, lo importante era no focalizarme en ser un imbécil y actuar natural, o no actuar también. Una especie de Frank Zappa y mis huevos hinchados por todo el alcohol ingerido.

Ella seguía en el paraíso. Nadie la puede bajar, ni siquiera pueden darse cuenta de con quien están entrelazándose, motivo de más y quizá aún así, pueda sentirme útil.

No obstante pude llegar a su lado, me prendí un rubio y moviendo el vaso de plástico largue los primeros bramidos de ogro.

Mary Mary rápidamente se dio cuenta de mi presencia y con su sencillez, con su halago de mujer, su rostro angelical y el misterio de un hechicero, nos miramos a los ojos, pero a diferencia de Belén y todas las otras.... fue diferente.

Estabamos ambos ebrios. Ella por su lado, yo por el mio. La escoria alrededor parecía reirse de nosotros, o de sentirse menos hediondos y pestilentes, narcotraficantes de la comodidad decía yo, pero de cualquier manera estábamos entrando en conversación.

Su vestimenta denotaba un ocultismo desafiante, vestida contrariamente a mi pensamiento, y abordado por una ignorancia subliminal pregunté:

- Sos Hippie vos acaso? –

Me miró de arriba hacía abajo, evidenciando la estupidez de mi pregunta, la soberbia de mi reacción. El silencio conmemoró la situación irónica un tiempo.

Con los ojos reacios, una ebriedad amorfa (exacta a la mía) me contestó:

-Soy pseudo-hippie.... y vos...... pareces alguna especie de izquierda.-

-¿Cómo sabés que soy de izquierda? – contesté mostrando mi bestialidad en florecimiento

-La campera...., la gorra color ocre, el prendedor, el estilo..- obvió ella, haciéndome sentir nuevamente como un indefenso corderito...

No podía comprender la situación, saber si fue la manera correcta de incurrir en la vida de una mujer. ¿Qué acaso nos habíamos vuelto dos productos musicales, ideológicos? ¿Por qué la diferenciación de nuestra similitud había hecho que nos correspondieran términos tan engorrosos... tan inútiles en la vida, y no permitirnos sacar la máscara para recordar al fin y al cabo que somos bichos, pastizales, clavos, hemorragias, hormigas, hongos podridos, restos de ceniza de la misma calaña?

Mis reflexiones me acobardaban minuto a minuto. Mi droga, Mary Mary, quería volver a sonar entre tanto desarme, y conquistarme la energía con la que llegué minutos antes.

No pude ni siquiera darme cuenta de cuales eran mis chances, pero tenía que jugar mis cartas, hacer un blackjack o algo, para no sentirme un imbécil nuevamente.

A todo esto se apareció otro individuo. Un acusador, pero un gran compañero de la vida.

Traía una cerveza en su mano derecha y unas ganas de fastidiarme estancadas en el culo.

Discutimos un rato, entre trago y trago, fui nuevamente llamado comunista (cosa normal en aquel entonces) pero por suerte sabía que el no llegaba más lejos que yo.

"Anarquista reformista!” recuerdo haberle dicho. Todo se desvirtuó, Mary Mary estaba ahí escuchando nuestra absurda discusión pero sin espectar demasiado ella callaba sus prejuicios.

Prejuicios fue lo que nos unió.

Primero con la lata, después el tema musical, pensé en Mary Mary y la conocí. Hablamos y de eso nada más, atrás apareció el anarquista y todo se fundió en un estanque de mierda, de odio, de sociedades masacradas por el imperialismo, por su atrocidad, por su nefasta necesidad de vivir del materialismo, del estúpido petróleo, la estúpida guerra, y la maldita política.

La fórmula perfecta para la perdición. Años, siglos de sabiduría en la cuna del mundo, espantada, magullada, por las religiones, la guerra, la corrupción y el imperialismo: la única enfermedad terminal del mundo que no tiene cura.

¿Podría ser que esta nueva presencia iluminada de ultra existencia me sentenciara en una cadencia humana de enamoramiento repentino? ¿O acaso un torrente de despertar, de palear profundamente mis ya socavados sentimientos de sentir?
Sin duda yo la apreciaba demasiado. No podía comprender (o intentaba al menos no hacerlo) si solo la quería como un trofeo, como una victoria, o la anécdota dichosa: “Conocí a una mujer que me voló la cabeza como en aquel gran disco..”, supongo que tampoco me importaba saber que quería de ella, sino como sentir aquel toque vampírico de mujer abandonada.
Ya no sabía nada. Me había ido de los cabales, pronto recordé que mi compañero me hablaba, yo sin escucharlo, y él sin percatarse de mi divaguez.
Cuantos pensamientos inoportunos..... cuanta necesidad de vivir...
Ella seguía presente después de todo. Quizá y de cualquier manera, estaba avergonzada de nosotros, de mí particularmente, por cuestiones obvias que si tuviera que remarcar no sería de mi agrado máximo, por lo que correré a la siguiente licorería para compenetrarme en mi oficio de ser un imbécil.
¡Y claro! ¡Cuánto odio, cuanto desgano hacia mi persona, pelos en la lengua, deseoso de marchitarme ante la decadencia, pero sabía que no lograr objetivos en la vida es un atributo mayor de mi perspicacia, sin embargo, me siento genial al estar cerca de Mary Mary!

Hay mitos y mitos. Están los incoherentes, y aquellos que dejan perplejo, por diferentes motivos: por ser religiosos, sin sentido, abarcativos, inhumanos y hasta superficiales.
Por otro lado existen cuales dicen ser, una biblia para el hombre. Yo no creo que la fe y la sumisión a un ser “superior”, o volátil deje mucha enseñanza a un ser con la lamentable capacidad de pensar y hasta cierto punto tener poder de elección.
Quizá recuerde a Oscar Wilde, y su religión. Pues me es más creíble unirme a esta última que pasar toda la vida encerrado, perdiendo la capacidad de disfrutar, auto justificando mis acciones con sermones, cánticos oscuros, y abusando de niños jóvenes como muchos suelen hacer.
Mary Mary era uno de esos mandamientos. El mito que rompe la necesidad de poligamia. Un mito incongruente para muchos, psicodélico, mezquino inclusive para el más ebrio de todos.
La mejor manera de levantar el auto estima es atravesando momentos narco-epilepticos de calibre .35, juntando todas las emociones en una bolsa (similar a la del vómito), escuchando una buena banda musical, y buscando a la Mary Mary que todos tienen derecho a intentar conquistar en esta putrefacta existencia que es vivir en la ciudad cobertizo.
Es un zoológico, cierto, pero quizá, y como sucede en una demolición, si uno revuelve los escombros de escorbuto, pestilencia, basura desconsiderada, puede encontrar algún que otro objeto relativamente interesante. Siempre sucede que los hechos son azarosos, inclusive el tener sexo, cuando la existencia esta de buen humor aquel acto sucede, mientras tanto uno debe terminar conformándose con otro tipo de métodos lujuriosos que no proliferan para nada la vida misma.
Con esto quiero decir, Mary Mary no fue ninguna casualidad. Fue el momento justo y exacto en que dos bichos deberían encontrarse antes de ser fumigados por la imbécil sociedad.

20080609

Mary Mary y su relación con la música

Un discaso. Sin ninguna vuelta para darle. Esta compuesto de muy pocos temas, pero son de una acustica, de un delirio y si, una muy buena versión de música alemana.
The Can (lata) formó parte de la escena "Kraut Rock" y este salió a finales de los 60, precisamente en 1969. Sorprende inclusive la capacidad de mantener temas tan largos y tan reflexionistas.
Tiene apenas cuatro temas, y son inolvidables.
Lo mejor es ingerir algo, ponerse unos buenos auriculares y dejarse llevar en el sillón de casa o en la cama.
Pueden tratar de buscarlo en alguna disqueria o simplemente con algun programa estilo slsk.


1. Father Cannot Yell(6:58)
2. Mary, Mary so contrary (6:15)
3. Outside my door (4:08)
4. Yoo Doo Right (20:18)

Mary Mary


Tan contraria Mary..


Apenas puedo abrir los ojos, comprendí en ese instante. Con un poco de suerte podré seguir mi camino a la puerta principal y abrir la heladera en otro momento petrificante.

¿Por qué no? Un cigarrillo no vendría mal después de todo y encima en este momento, que se caen las paredes color humano, dándole espacio geométrico a las emociones fuertes que pronto anclarán en lo más profundo de mi vaso plástico.

Un post-punk trosquista nunca deja su mirada clavada en el piso. Deja que su mirada se clave, en el primer obstáculo que la vida especta, en la primer colorada, en cualquier resbaladon obsceno de una nueva mujer, o de la historia de la cerveza, la luna de miel, los babilonios y el chamullo de poca esquina palermense.

Así, desolado y con la bandera entre los hombros fui por un poco de humo.

Pensaba en aquel momento, abrirme espacio entre la muchedumbre remediable a codazos, incoherencias y algún que otro alarido alcohólico de esos que siempre me amenazan, pero estaba cansado de tener que hacerme el exuberante, el mal humor rondaba mi culo y la ebriedad no me había dejado conforme del todo. Muchos apóstoles de turno giraban alrededor mío, buscando alguien con quien conversar y pasar el rato, pero para mí era importante fumar aquel cigarrillo.... olvidar las penas del momento....regresar a sentir el olor tan sabio a vida querida que amablemente me había desollado a la larga desde que pise esta pérfida ciudad-zoológico a escala y para armar.

Estaba harto de ciudadanos, harto de que me inculcaran prejuicios llamándome comunista, harto de pasarme el rato destapando cervezas vacías, sin una gota más de lúpulo vampírico para consumir, delimitando la frecuencia de mi diversión, y no solo de eso además debo decir...

Tenía altos complejos de pasar inadvertido desde hace mucho tiempo ya. Una nueva mujer, una nueva discusión, alguna sustancia para ingerir, daba todo igual.... mi mente hostigaba la tranquilidad, me perpetuaba la cabeza con sus pensamientos de barbarie, de ganas de mandar a la mierda a todo y todos, de saltar por el balcón enredado y destrozar botellas vacías contra el piso, inyectando heroína en las venas de una sociedad anestesiada por el dolor, el flagelo, la vergüenza ajena de sentirse inútil y la perseverancia de olvidar los hechos.

“Yo nunca bebo....... vino” pensé en ese momento.

¿Por qué no convertirme en un esbirro de Caín y practicar dementación o romper reglas?

Era al fin y al cabo un impaciente de la vida. Ahora lo sigo siendo, y siempre lo seré, mientras siga no vivo y escondido en las sombras permitiéndome tolerarme este nuevo yo, esta nueva vida alejada del cinematógrafo.

Los encarcelados rondaban como nudistas, y el cigarrillo iba quedándose flaco, pálido y anciano. Aproveché para apagar mis emociones y dirigirme inmediatamente a la cocina para comprobar si el banco estaba renovado, siempre buscando claro un sentido positivo en los movimientos.

El lapso de tiempo fue muy corto, y debí volver al balcón con las manos huecas para comprender aquel instante también. Nada cambió, las mismas perspectivas desde que los golpes de estado fueron moda en este país. Nadie advirtió mi presencia alcohólica, el olor alejaba a los buitres y mejor así puesto que hoy no quería buitres, ni nada de eso, hoy estaba sumido en blanco y negro, ningún destello, ninguna ameritación circunstancial, ni siquiera una licencia para confundir.

Extrañamente en este instante, procuré sentir la presencia de aquella canción que todo el día estuvo sonando en mi cerebro (o lo que queda de él), una gama de vibraciones me llevaron rápidamente a buscar entre la multitud aquella estrategia para comprender los momentos de lata.

El viaje fue fantástico, y postulantes mis óculos llegaron a realizar la más grande de las pinturas de nuestra existencia, la joven color vida estaba frente a mi, y ya no sabía como degradarme otra vez más en esa noche de junio.

Por un lado y mimetizada en oscuridad ella irradiaba sobre mí la duda de mezclarme, de acercarme solo, que no era mi estilo, y la mayoría de las veces no conseguía nada más que encamarme un rato. Venía por otro lado, quería conocer algo diferente, no comer siempre las mismas golosinas, jugar un poco con los frutos prohibidos, cambiar mi moralidad, y pasar una agradable velada con algún bicho de mi calaña.

Pero en su otro lado, la mirada suave se tornaba en un cerrojo impenetrable para quienes no comprendieran, no eran puertas fáciles de abrir, puesto que menudo tesoro no es desenterrable así como así. No solo eso, sino, cuanto vértigo me daba verla, fumando aquellos cigarrillos y con ese aire, por primera vez había perfume, mi nariz respiraba lo que ya había olvidado, con los olores hediondos a mierda que un zoológico deja.

También ella, era de mi calaña. Se podía sentir en la voz, en los ojos, perfectos por cierto cuantas veces he soñado de los paisajes más hermosos, de la mejor cerveza, ahumada o no, un paraíso inexpugnable pero que contraria era Mary,.... Mary,...Mary, cuanto no me arrepentí aquella noche acercarme a la primera vez en mi vida nueva que tengo contacto con un ser humano, o algo similar al menos.
El humo escaseaba por los alrededores y las caras mal devastadas iban dejando el nido poco a poco.
Había sido un día difícil, una noche de puros halagos naturistas, de una existencia conmemorable, debatiendo conmigo mismo de la posible casualidad que hoy, no dejaría de ver la luz, de aberrarme con las sombras. Hoy me convertiría en el protagonista de una nueva etapa.
Quizá estaba en mi época más drogona. Más viciosa. O más excitante.
El tema estuvo sonando todo el día en mi cabeza. Me asombraba la manera en que estaba escrito, una historia muy deprimente, que deja a uno una gama de cuchillos, anfetaminas, agujas, balas y otros elementos y pasar a otro nivel. Seductor, temeroso, melancólica la fantasía de encontrarse a Mary. Quien sabe.... quizá un momento de verde, o vidrio molido, pero aquellas estrofas que tanto había lamentado, llegaban a mi hoy como si fuere una historia de esas que no se meditan.
Mary Mary se convirtió en mi droga aquel entonces. Ya no alucinaba, ya no me lamentaba, me estaba entregando al placer de ella, para fundirme definitivamente en lo que la música había predicado: Mi realidad.
Hay instantes de la vida que son únicos. Estar con una mujer en una fiesta es quizá la mejor posibilidad de progresar como humano, de no sentirse una mierda, un fracaso, un hombre hojalata estereotipo de la sociedad actual, unos don nadie que llegamos por nunca despertar a tiempo. Nos diferenciábamos en muchas cosas, pero el sentimiento era a veces similar.
Como decían por ahí hace tiempo atrás grande músicos, lideres, escritores auto proclamados, la fiesta en su concepto mayor es lo más cercano al paraíso.
Y me refiero al paraíso bíblico inclusive, que plantea una realidad similar, un concepto utópico como la anarquía sumado al embellecimiento de un cuadro.
Estaba en el limbo, y Mary Mary estaba ahí.


La lata empezó a invadir mis extremidades, el tema había comenzado a sonar de manera repetitiva en mi, todo daba vueltas y no sabía donde estaba, solo tenía un objetivo y ese era detectar la presencia de ella.... yo ya sumido en una vergüenza pero energético a la vez, me di la vuelta y la vi a Mary. Fumando un cigarrillo fino, y con su singular belleza.... Mary, Mary decía y cuanto disfrutaba aquel pasaje espiritual, mi primera regresión, pero que bien se sentía.....
Creo que puedo tocarla aún cuando pienso en ella...... Oh Mary Mary, como se extraña tu presencia.......con esos ojos de colores exuberantes, capaces de desplomar un torrente, un ciclón de sensaciones inexplicables que solo los egipcios podrían llevar a contemplar, pero para mí ella estaba volviéndose una fe incuestionable, tengo que acercarme a ti: Mary Mary, con tu singular belleza y esos humos finos, sensuales.

El cigarrillo estaba prendido, mi di vuelta y te vi Mary, con tu belleza tan emblemática Mary, esos ojos que me funden, que me viajan a tu mundo griego Mary, quiero pasar a seguir contigo Mary.......tan contraria Mary....
Viajé. Volé a otro mundo por sus ojos.